La última Reina: A propósito del Miss Universo y la política en Venezuela

ImagenTenemos 7 Miss Universo y a lo mejor no tendremos ninguna más. Para cuando ganaron muchas de esas reinas yo no existía. Ellas no están en mi memoria sino a través de la televisión, más concretamente, de un televisor de culo y perilla al que había que ayudarcon un palito de fósforo, una bolita de cinta adhesiva o una mini-palanca de cartón para que quedase en un punto intermedio que cogiera bien la señal.

La primera a la que recuerdo en tiempo real, con edición propia del certamen, la primera a la que conocí en el Miss Venezuela a través de Venevisión, fue Alicia Machado, una maracayera guapísima que representaba a Yaracuy y por la cual hice toda clase de oraciones para que ganase. Yo tenía 8 años y ningún conocimiento sobre genética, con lo cual aún albergaba el sueño de crecer para ser Miss, ese sueño que todas las niñas venezolanas tienen o tenían en sus primeros años de conciencia.

Recuerdo a Alicia decir en una entrevista hecha por una niña en un programa matutino después de ganar el Miss Universo: “Para ser reina, cómete toda la sopa”. Ahí empecé a asimilar que quizás yo nunca sería Miss: odiaba la sopa y odiaba comer, en general. Pero amaba a Alicia, a su reflejo rubio en el mechón que le cercaba la frente… la quería tanto que le pedí al Niño Jesús una muñeca suya (y me trajo la de Irene Saez, ataviada en un estupendo liquiliqui blanco, pero eso es otra historia).

Entonces, recapitulando, según la primera Miss Universo venezolana que recuerdo, el triunfo criollo en los concursos de belleza se basaba en la alimentación. Alicia, que al poco tiempo de ganar supo más de comida de lo que seguramente hubiese querido, lo tenía muy claro: la infraestructura de una Miss empieza por el tamaño, por desarrollarla a un nivel que luego exista material que moldear. Digamos que la Miss empieza en ese proyecto de ingeniería civil llamado leche, arepa, arroz, azúcar y caraota, y años después pasa por la arquitectura, que no es otra cosa que el cirujano, el entrenador y la latonería, convenientemente administrados por Osmel.

Entonces, venezolanos y venezolanas, estamos jodidos. Y esto lo digo especialmente para aquellos que se desgarran exigiendo que no mezclemos misses con política.

¿De dónde vamos a sacar más misses cuando las actuales sean demasiado viejas para concursar? ¿De dónde las vamos a moldear cuando la materia prima que tengamos sean las niñas que hayan crecido en estos años de gobierno marcados por la escasez?

Si no comen, no crecen. Si comen lo que haya y no lo que necesitan, crecerán enanas y gordas o famélicas o enfermas. Digamos que la próxima generación de beldades venezolanas podría darnos para elegir entre el fenotipo de Carlos Sicilia o el de Tibisay Lucena. Y esos, mis amigos, no traen coronas universales.

Hace años tuve la oportunidad de ver en la Hemeroteca Nacional las viñetas de prensa de todo el período democrático y una cosa es segura: históricamente la comida en Venezuela ha jugado al escondite. Una época sin plátanos, otra sin café y otra más sin caraotas… pero, asimismo, les puedo decir que nunca se vio reflejada una escasez colectiva a los niveles en que la estamos viviendo.

Pensemos por un minuto en cómo alimentar a una homo sapiens criolla, hembra, con genes ordinarius y en período de crecimiento. Se las nombro así para que entremos en modo científico al mismo tiempo que recordamos los anaqueles de los supermercados y los precios de las cosas, considerando qué falta o qué no puede pagar una familia donde padre y madre (más bien sólo madre) gane apenas el sueldo mínimo. Planteemos una nutrición completa conducente al desarrollo de una estatura mínima de 1.70 metros (unos 12 cm más que la media en Venezuela) en la que se excluyan sistemáticamente los siguientes alimentos:

Queso. Pollo. Carne de res. Harina de maíz. Azúcar. Leche. Caraotas negras. Arroz. Aceite. Harina de trigo. Pasta. Diablitos y otros enlatados. Plátano. 

Y a esto sumarles todos los que funcionan de forma quitaypon, es decir, que los hay sólo de vez en cuando.

Pero el problema no termina aquí. Supongamos que una niña que se alimente a base de mamón y Pepsi consiga medir 1.80 metros y con ello ser una opción para el Miss Venezuela. 

¿Alguien se ha planteado la búsqueda de productos de parafarmacia para el cuidado de la piel? Tengo un montón de amigos con hermanos o hijos en plena adolescencia que no tienen manera de encontrar los tratamientos para curar sin secuelas el acné juvenil. Tengo amigos que en su edad adulta, con un sueldo para ellos, van por ahí con la cara desmoronándoseles porque comprar algo de Bioderma o Eucerín o cualquier marca similar para eliminar lesiones de psoriasis o cualquier otro tipo de daños y/o rojeces es inviable con un sueldo profesional “bueno” (20.000) si además pagan mercado, servicios, alquiler y no pocas matracas.

¿De verdad hay alguien que piense que no hay razón para comentar el triunfo de Molly Isler como Miss Universo relacionándolo con la situación actual de Venezuela? No desmerezcamos el papel que la chica ha hecho desde su ámbito de actuación, ¡pero tampoco nos enfoquemos en ella para evadirnos de lo demás, que es muy grave y mucho más amplio!

Por cierto, Nicolás Maduro, el triunfo de esta muchacha es de ella, no tuyo ni de toda Venezuela. La que se ha machacado a dietas y ejercicios para estar buena ha sido ella. La gente común también está a régimen, pero a TU RÉGIMEN, es decir, que pasan hambre, no es que se estén entrenando para misses ni siendo solidarios con la miss.

Por cierto, Henrique Capriles, el triunfo de esta muchacha es de ella, no tuyo ni de toda Venezuela. La que se ha aplomado para salir en la tele ante todo el planeta ha sido ella. Mientras otros se aplomaron para salir con las teles de las tiendas sin pagarlas y tú de eso y tú de la marcha te olvidas y no hablas, porque le ponen una corona a un par de piernas y te pones súper contento, mientras muchas familias, unas 70 cada fin de semana, recolectan dinero entre todos para ponerse coronas en las funerarias porque están súper tristes.

Por cierto, Gabriela Isler, Miss Universo 2013, mientras tu mayor miedo es usar tus miedos para crecer y avanzar, el mayor miedo de toda la gente cuya belleza “representas” es que quiten Cadivi, que nos maten el próximo fin de semana, o que nos invadan la casa. Felicidades, por tu corona, y por tu tranquilidad.

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Acerca de Janet Marilyn

BLOG PERSONAL. De vez en cuando tengo algo que decir y, si lo digo en mis perfiles, es estrictamente personal y no representa la postura de las empresas para las cuales trabajo.
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