VI

Perdón si levanto la voz
con esta última carcajada,
con esta búsqueda entusiasmada
que empieza en mí y termina en vos.

Perdón por mi grito naciente
del vientre de tus ironías:
que no sean cosas tuyas ni mías
las que partan este corazón.

Y me iré caminando por si algo
me recuerda a tu nombre en la vía;
que no sea tu culpa, sólo la mía
perderte por no irte buscando.

Que sea ese el amanecer claro
en que mis noches sean tu día;
yo diga “hola, vida mía”
y tú digas “me voy retirando”.

Pregúntame, pues, hasta cuándo
pienso respirarte en mi agonía;
o, si acaso, esta plenitud ría
cuando ambos estemos llorando.

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