“Hoooolaaaaa, enfermeeeero”

Lo confieso, sin más: desde niña quise ser Dot, la hermana Warner, usar un moñito de flor y rodearme de tipos buenísimos a los cuales saludar con un “Hoooolaaaaa, enfermeeeero” que sonara de lo más gozón.

Varias veces me he puesto moñitos, sí, y he recitado poemas pavosísimos como los que la comiquita en cuestión recita en su bar. Sin embargo, nunca desarrollé sex appeal alguno y por ende jamás logré sentirme lo necesariamente zorra para ejecutar el saludo temático-hospitalario con una voz dizque seductora.

Lo más seductor de lo que soy capaz, de hecho, son mis ataques de hipo, que me dan cuando me mareo en un carro (debería decir “siempre que me monto en un carro”) o cuando me pongo nerviosa. Y, admitámoslo, “hipo = quiero contigo” no es una analogía universal, así que nadie podría entenderla como sexy, ergo, no soy sexy.

El presupuesto: Sí moñito, no voz, no sensualidad, no Dot. El resultado: Un enfermero… ¡Y qué enfermero, jóvenes y jóvanas el que me gasté para mi post-operatorio de miopía! (Sí, sí, ya no usaré más los lentes, pero eso es cuento pa´otro post). 

El punto es que mi enfermero (en otro post mi Jeff Bridges joven, en otro post mi motorizado sin espejo, en futuros post ya veremos, siempre posesivos mediante) hizo algunas “minucias” como éstas:

1) Me acompañó en todo mi preoperatorio (unas 4 consultas) siempre madrugando para estar a tiempo en el Centro Médico Docente La Trinidad, esa clínica de lujo de la que luego mal-hablaremos de cómo te mal-atienden y hacen que encontrar las cosas te sea más pelúo que conseguir una pista de hielo en El Callao.

2) Me llevó el día del suceso a la ya mencionada clínica, ésa que queda allá, lejos, donde Dios perdió sus alpargatas, y se esmeró en lavarme el cerebro hasta convencerme (creyó él) de que no debía estar asustada.

3) Estuvo a las afueras del quirófano, tan cerca como se lo permitieron, como el mejor de los escoltas esperando mi salida, al cabo de la cual pretendí (y practiqué con esmero mientras esperaba vestidita con mi monito de papel estéril) el primer, real y más importante “Hoooooolaaaaaa, enfermeeeeero” de mi vida del cual, por supuesto, no fui capaz porque cuando lo vi segundos después de oler mi ojo chamuscado bajo el láser me traicionó el susto y la emoción de distinguir su chaqueta amarilla, amarillísima, a través de las cáscaras plásticas que me protegían los ojos y, como era de esperarse, me olvidé del modo perra y me entregué a la sensación redentora de estirar la mano y saber que él la iba a agarrar para hacerme de lazarillo en las sucesivas horas de tinieblas.

4) Me agarró la mano en cuanto la estiré hacia él al salir del quirófano, acción que no era necesaria ni de cajón porque había un camillero llevándome en silla de ruedas. Agarrón de mano = pura vocación.

5) Generó múltiples reportes para que mi hermana, quien vive en otro país, supiera que no iba a volver a sus años más óptimos, los de hija única, y al contrario se hiciera del ataque de envidia propio de saber que ella seguirá usando lentes y yo no (ñaca-ñaca).

6) Me cuidó todo el día y toda la noche echándome las goticas que me mandaron cada 3 horas o algo así y ayudándome a hacer todo lo que uno hace siempre y que sin ojos es prácticamente imposible (no me vengan con eso de “¿y es que tú no sabes dónde te quedan las cosas?” Inténtelo a ciegas pa´que vean). Eso de cuidarme significó pedir permiso en su trabajo para ausentarse en pleno jueves y llegar tarde el viernes, toda vez que tuvo que llevarme a que me quitaran las cascaritas plásticas y luego guardarme en mi casa. Traducción: “¡Tuvo que jalar mecate por mí!”, cosa efectiva ante su jefe (a quien por supuesto envié/envío el agradecimiento y respectivo besito en el cachete).

Pero lo mejor, lo más cool, lo inolvidable, lo arrechísimo, vino tras una escapada mientras yo dormía, vino empaquetado en una bolsa blanca acompañada de un besito despertador de siesta post-operatoria y una frase que resume el nivel de amor y mimo del que soy objeto por parte de ése,
mi enfermero: “Te traje un Ópera de la St. Honoré”.

¡Ay, chamo! Todavía no me lo creo… 

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Acerca de Janet Marilyn

BLOG PERSONAL. De vez en cuando tengo algo que decir y, si lo digo en mis perfiles, es estrictamente personal y no representa la postura de las empresas para las cuales trabajo.
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