In Bonelli we trust!

Hace año y medio conocí en La Universidad Verde a Fabián Bonelli y, más allá del innegable atractivo de su físico, le puse atención a su manera de entender la publicidad. “Las marcas se deberían comportar como las personas”, dijo, y yo le creo.

Le creo tanto que he empezado a concebir las cosas que consumo como pelotas de atributos axiomatizables y campos de entrenamiento para mis roles frustrados de socióloga y economista: creo que una sociedad con cualidades Carré sería una sociedad distinguida y feliz y creo en la Coca-Cola como esa amante que acude a darte problemas y llevarse tu dinero pero es, de cualquier forma, irresistible.

También me permito jugar por lo bajo, incluso, con esos compuestos definitorios que por su nombre pueden parecer dañinos: “Si no fuera porque todos tienen ese bendito Lauril Sulfato de Amonio, tendría más amigos champús” y me he permitido preguntarme qué piensa de mí Cornelio, el gallo de Corn Flakes o si realmente a las galletas Marilú les complace ser comidas.

Más allá del ocio que sigue a la toma literal de la frase, el hecho de entender la publicidad con la complejidad con que se entiende lo humano cumple la doble función de honrar en su justo valor los productos y servicios a los que accedemos (sin que un par de zapatos represente tu estatus social) al tiempo que des-sataniza el oficio del publicitario al colocarlo en su punto como comunicador y como actor social.

Es doloroso ver que en escuelas de Comunicación (como la mía) no se conciba a la publicidad como la integración palpable del conocimiento y prácticas de lo económico, social, cultural y comunicacional, sino como el llegadero de la frivolidad de la profesión. En todo nuestro pensum existe sólo una materia de Publicidad obligatoria y un seminario de Estrategia Publicitaria electivo.

Sería bueno comprender que, si las estrategias de venta cambian conforme se alteran las dinámicas sociales, las piezas publicitarias son documentos históricos fidedignos, considerando que en el mundo de los anunciantes los hechos no se retratan bajo la óptica del vencedor, sino con la agudeza del empresario.

Volviendo a Bonelli, las marcas deberían comportarse como las personas pero, y en esto trabajo a despecho de lo que para muchos es cordura, a nosotros también nos toca aprender a ver a las marcas como gente.

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Una respuesta a In Bonelli we trust!

  1. Espe dijo:

    Y si no se comportan así, mira lo que pasa:

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